martes, 14 de septiembre de 2010

CALDERON ENTREGO EL AGUILA AZTECA A RIGOBERTA MENCHU

En menos de dos días estaremos conmemorando el día en que los Padres de nuestra Patria se levantaron en armas para iniciar la Gesta de Independencia.

Cada año recordamos este episodio fundacional, que inició la construcción del México libre y democrático en el que hoy vivimos.

Hoy la celebración es más significativa, porque festejamos nuestros primeros 200 años de vida independiente.

Nuestros libertadores iniciaron su lucha inspirados en principios comunes a toda la humanidad, como la libertad y la justicia. Por eso, celebrar el Bicentenario significa también celebrar valores y acciones universales.

En este Año de la Patria, me da mucho gusto hacer Entrega de la Orden Mexicana del Águila Azteca, el más alto reconocimiento que nuestro país otorga a ciudadanos extranjeros distinguidos por sus acciones y aportaciones al desarrollo de nuestro país y de la humanidad.

La historia de México está llena de actos heroicos realizados por personas que, si bien no eran mexicanos por nacimiento, se comprometieron con nuestras causas. El caso quizá más ejemplar sería el de Francisco Javier Mina, quien, no siendo mexicano, pero profundamente comprometido con México, vino a luchar y a morir por nuestra Independencia. No nació en esta Patria, pero quiso a esta Patria y la hizo suya.

Hoy imponemos la Orden del Águila Azteca a tres personas distintas, por extraordinarias, distintas en su origen, distintas en su oficio, pero las tres, que han nacido en diversas latitudes, con su labor han beneficiado y engrandecido a México y a nuestra gente.

Hoy me enorgullece entregar esta Condecoración del Águila Azteca, en primer lugar a la señora y a nuestra amiga Rigoberta Menchú, defensora de los derechos indígenas en Guatemala, en México y en todo el mundo.

Al señor Jean-Marie Le Clézio, escritor y estudioso de las civilizaciones antiguas de México; especialmente la Purépecha; Premio Nobel de Literatura 2008; y al señor William Austin, filántropo y creador de la Fundación no lucrativa Starkey Hearing Foundation.

Rigoberta Menchú es un símbolo para todos nosotros, un ícono de la defensa de los derechos indígenas en el mundo. Su compromiso y su tesón con esa causa, la hicieron acreedora del Premio Nobel de la Paz en 1992.

Esta convicción profunda, que también se ha manifestado en su participación en la Organización de las Naciones Unidas, la ha convertido en un emblema de justicia para los pueblos autóctonos de estas tierras, para los indígenas, para todos nosotros.

Rigoberta tiene un trabajo que es una inspiración constante y un ejemplo para todos nosotros. Sabemos que aún falta mucho por hacer, para lograr la observancia plena de los derechos de las comunidades y los pueblos indígenas. Pero gracias a usted, Rigoberta, hoy conocemos mejor a nuestra gente y estamos más cerca de alcanzar este alto ideal.

Nos conocemos mejor a nosotros mismos como mexicanos; conocemos mejor nuestra raíz indígena y, por lo mismo, podemos también ser mejores.

Jean-Marie Le Clézio, es un hombre, un intelectual singular. Al leerlo, al leer a Le Clézio uno adivina ciertas empatías, temas comunes, puntos de contacto que nos hacen pensar que México y su historia tienen un lugar especial en el pensamiento de este Premio Nobel de la modernidad, a quien ahora recibimos y festejamos.

Por eso me atrevo a decir que México, además de ser un tema dentro de su obra, es un sentimiento dentro del autor. Le Clézio es un Premio Nobel francés muy mexicanizado y, yo me atrevo a decir, michoacanizado.

Pocos autores y por desgracia, incluso, pocos mexicanos hemos sabido reconocer en nuestra historia no sólo la riqueza de lo que hemos creado, sino el esplendor de lo que nuestros pueblos antepasados pudieron llegar a ser o, más aún, podrían haber conseguido de no haberse interrumpido su pensamiento, como él mismo lo señala.

Le Clézio afirmó en El Sueño Mexicano que el hombre occidental, habiéndose dejado arrastrar por su propia violencia, debe reinventar todo aquello que constituía la belleza y la armonía de las civilizaciones que ha destruido.

Podemos estar de acuerdo o no, pero las reflexiones de Le Clézio cobran ahora una actualidad singular y nos hacen reflexionar justo ahora, que celebramos 200 años, no de historia, no de pueblo, pero sí de Nación y de Estado mexicano como tal.

Reflexionar en la grandeza de las civilizaciones precolombinas que son la fuente nutriente de esta gran Nación y que, a la vez, nos hacen confiar en un próspero futuro.

Finalmente, esta Condecoración se otorga también a William Austin, un hombre, un empresario, un filántropo estadounidense que ha logrado que el mundo, literalmente, escuche mejor.

Gracias a William Austin, gracias a su Fundación, son ya muchas niñas, muchísimos niños mexicanos que cuentan hoy con dispositivos auditivos que les han marcado una diferencia en su existencia.

Dispositivos que les permiten oír, que es, precisamente, abrir la puerta a uno de los contactos más grandiosos de la existencia, que es el de los sonidos, el de la voz, el de la comunicación.

Gracias a William Austin muchos niños mexicanos pueden hoy ir a la escuela, integrarse a la comunidad, desarrollarse integralmente y formar su propia familia.

La labor de Austin va más allá. Sin ser mexicano ha abierto los oídos de nuestra sociedad para que todos escuchemos el llamado de los niños con problemas auditivos y brindemos la atención que ellos requieren.

Gracias al trabajo de William Austin hemos podido completar el esfuerzo para proveer de salud integral a muchas niñas y niños mexicanos, que sin la ayuda de fundaciones como la suya hubiese sido imposible lograrlo.

Señor Austin:

Muchas gracias por su ayuda, gracias por la ayuda de la Fundación Starkey Hearing, porque han hecho posible que mexicanos de hoy y de mañana recuperen la audición y tengan un futuro distinto y promisorio.

Muy estimada Rigoberta Menchú.

Muy estimado Jean-Marie Le Clézio.

Muy estimado William Austin.

Su ejemplo es una luz que guía nuestro camino, su vida y sus logros son una buena noticia que México también celebra.

Sin ser mexicanos, los sentimos como parte de nosotros y como una parte importante, un renglón luminoso de la historia que entre los mexicanos nos congratulamos de escribir.

Este año tan relevante para todos, el Año de la Patria, yo quiero agradecer su contribución, fundamental para México y el mundo, y me honro en imponer, a nombre de los mexicanos, a cada una y a cada uno de ustedes la Condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca.

Muchas felicidades.

No hay comentarios: