miércoles, 1 de septiembre de 2010

COLUMNA SIN NOMBRE

Columna sin nombre
Pablo Jair Ortega
www.columnasinnombre.com
pablojairortegadiaz@gmail.com
1 de SEPTIEMBRE de 2010

EL CAYUCO DE TÍO FIDE

Cuando inició el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, los veracruzanos nos preguntábamos si habría nuevamente ese alejamiento entre los gobernados y su gobernador, como era con Miguel Alemán Velasco.

Entendemos que el anterior gobernador se trata de un personaje importante a nivel internacional, hijo de presidente, importante empresario; eso no lo entendimos muchos jarochos, ni teníamos porqué. Las medidas para su seguridad fueron extremas en un pueblo acostumbrado a andar hombro con hombro con sus gobernantes.

Sucedió en los primeros días de junio del 2003: una fuerte explosión en la comunidad La Balastrera y deslaves en Nogales y Río Blanco, crearon todo un caos para miles de habitantes. En esa ocasión se suscitó un incidente entre el entonces gobernador Miguel Alemán y la población: la gente le pedía que se bajara de la lujosa camioneta para que constatara los hechos. Cercaron al equipo de seguridad. Alemán volvió horas después sobre un tractor, pero la población (le digo, jarochos somos) se le acercó y una señora lo asió del brazo para bajarlo y llevarlo hasta su casa destruida por el lodo.

Ahí quedaron los zapatos italianos de Miguel Alemán, y a los colaboradores no les quedó otra más que ensuciarse también. El gobernador estaba escoltado por dos señoras que no se le desprendían, y lo pasearon por todo el desastre.

Cuando Fidel llega a Palacio de Gobierno, quitaron las vallas y detectores de metales que en el sexenio de Alemán Velasco se instalaron. Para Fidel el primer reto era quitar esa imagen del gobernador aislado: dejó que las protestas llegaran a Palacio de Gobierno, salía a la calle con medidas mínimas de seguridad. Las fotos mejor vistas fueron las del mandatario subiéndose a un taxi como un ciudadano común.

¿Quién no recuerda la imagen del gobernador veracruzano en un carnaval de Veracruz cuando alguien le sirve una cahuama para ese calor tan tropical? ¿O cuando sale a saludar al balcón de Palacio de Gobierno?

Los jarochos, y en especial los que estamos en Xalapa, sabemos que Fidel es impredecible: un día llegó solo a la catedral frente a Palacio de Gobierno; ahí estuvo viendo artesanías hechas por mujeres y compró algunas. Así como si nada se regresó al Palacio.

En la reciente edición del Tajín, Fidel Herrera fue abordado por un grupo de músicos --de esos que se dicen hippies-- que le pedían “cooperación”. El gobernador metió la mano al bolsillo y sacó un bulto de dinero, sin visualizarse cuánto. Lo sorpresa se la llevó quien fue a pedirle cooperación, que vio que no eran 10 pesos: en ese momento armó una rola improvisada para gritar: “No pares, Tío Fide; No pares, Tío Fide”.

Fidel Herrera es uno de los gobernadores más populares que ha tenido Veracruz. Sabe también manejar mucho el aspecto de imagen, de propaganda: existe una foto del gobernador ayudando a unos afectados por inundaciones en Álamo, donde sin zapatos y con bulto al hombro, se moja los pies para ayudar a la población.

Los jarochos sabemos quién es Fidel y cómo trabaja, maneja su imagen. El apodo de “Tío Fide” inclusive es parte de lo que el mismo Fidel aprecia, porque sabe que los jarochos así somos de dicharacheros; los de la Cuenca, de donde es originario, lo son más.

Este martes, en el noticiero de Joaquín López-Dóriga, reluce una situación de golpeteo, un “madrazo por la tele”, como se entiende mejor. El motivo: la visita de Calderón a Tlacotalpan y su “heroísmo” por mojarse las patas en un recorrido que hizo por la hermosa ciudad, hoy inundada. Terminando la noticia de Calderón haciéndole al Stallone en “Daylight”, vino entonces la arremetida contra Tío Fide: Comunicación Social de Gobierno de Veracruz publicó una imagen en su portal donde se aprecia dos días antes al gobernador sobre un cayuco, acompañado de un jefe militar y la alcaldesa de Tlacotalpan, Esperanza Burelo. El agua no llega ni a 20 centímetros, y se ve la gente al lado del gobernador caminando con la misma hasta los tobillos. Esto valió para que López Dóriga criticara a Fidel en su recorrido.

Lo que el noticiero nunca menciona es que tanto Calderón como Fidel llegaron en un camión de la Marina, y que a petición de la población (como sucedió en Nogales con Miguel Alemán) los mandatarios bajaron a mojarse; no por que la gente quiera mucho a los políticos, sino porque el sentir de un damnificado es “siente lo que estoy sufriendo”.

El asunto pasa desapercibido, si no es porque periodistas como Federico Arreola, en el afán de defender a Fidel, caen en el juego de la televisora y embarran más el asunto.

Fue un error, platicaba con un amigo, el manejo de esa imagen. Un error que se hizo grande por un juego editorial de Televisa. Es cierto que se supone hay gente que cuida esos detalles para no ensuciar la imagen del gobernador, y esta vez falló, como cualquier ser humano.

De igual manera no sería para tanto. Fidel Herrera ese día podría haber tenido recomendación médica para no mojarse o simplemente por respeto y cortesía al jefe militar que lo acompañaba se utilizó ese transporte. No era para tanto.

Lo peor es que esa foto todavía al mediodía permanecía como testigo de un anecdotario político en el sitio de Comunicación Social del Gobierno de Veracruz, pero cuando se daba la discusión en Twitter sobre la imagen “editada” por Televisa (como aseguraba neciamente y hasta la ignominia Arreola), en Comunicación Social decidieron borrar la imagen en cuestión.

Mal, muy mal manejado el asunto. No ayudan en nada el borrar una imagen que se envió a cientos de correos de prensa, que se publicó en diarios; ¿en qué ayudan al gobernador ocultando una imagen que ya se dio a conocer a nivel nacional y está en manos de miles de usuarios de internet? ¿Saldrán a decir que la imagen es truqueada, “editada”, como asegura Don Fede?

Mal, muy mal manejado el asunto, como si andar en cayuco fuera pecado. Borrar una realidad sólo es abonar al sospechosismo.

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